Aberrante: Trabajó para el Mundial en Qatar, denunció que la violaron y la condenaron a la cárcel y a 100 latigazos

Paola Schietekat era empleada de la organización de la Copa del Mundo cuando fue atacada, pero la justicia local actuó en su contra.

Desde que Qatar fue elegida como la sede para el próximo Mundial, y a medida que se acerca la fecha, se habla cada vez más de situaciones comunes en el país que no se condicen con la realidad de la mayoría de las naciones de occidente. Desde la cantidad de obreros muertos en las construcciones, pasando por el respeto a las mujeres y los derechos con minorías tales como los homosexuales.

Antes del comienzo del certamen, quien ya puede dar fe de una de estas cuestiones es Paola Schietekat, que hasta junio de 2021 trabajó para una consultora que se encarga de organizar la Copa del Mundo, pero que su profesión y sus ganas de realizar una tarea trascendente se vieron interrumpidas por una hecho horrible, que se agravó por la falta de reconocimiento hacia las mujeres en ese país.

DEL CALVARIO A LA DENUNCIA: OTRA PESADILLA

La historia de la mexicana, que viajó de la mano de la empresa Supreme Committee for Delivery and Legacy para trabajar como economista en Qatar, fue contada por ella misma en un artículo publicado por Fuga de Cerebros y además impulsado por sus redes sociales. Mientras trabajaba en ese proyecto y estaba descansando en su alojamiento en medio oriente, fue violada por un compañero de trabajo.

l hombre, conocido por ella y también latino, se metió en su departamento y la sorprendió. Es Paola quien recuerda, con dolor, cómo fue aquel momento hasta que el victimario abusó de ella: «Después de un forcejeo breve, pues su fuerza sobrepasaba la mía, terminé en el piso. Horas después, me salieron moretones en todo el brazo izquierdo, el hombro y la espalda»

Schietekat, que además comentó haber sufrido una violación en su adolescencia, decidió realizar la denuncia luego de registrar con fotos los golpes y de comentarle a su madre lo sucedido. Lo que hubiera significado un alivio en un momento de tanto dolor en cualquier parte del mundo, ahí se tradujo en una daga más al corazón y en el inicio de una pesadilla todavía peor.

Esa misma noche, luego de protegerse en un hotel por si el agresor regresaba, Paola acudió a una comisaría para realizar la denuncia con el cónsul mexicano en Qatar en lo que fue quizás el momento menos trágico de una experiencia dantesca: le ofrecieron una orden de alejamiento, no hacer nada o «ir hasta las últimas consecuencias». Asesorada por el diplomático, eligió la última.

Y aunque el movimiento feminista fomenta, como dicta la sensatez, que las mujeres deben denunciar, ese fue el puntapié inicial para una causa que debería tenerla como víctima pero que la convirtió en victimaria por la cultura árabe y la ley religiosa (Sharia) que interviene en algunos aspectos de la sociedad qatarí.

Tras comenzar el proceso, a las horas, la llamaron por la noche y le dijeron que vaya urgente a la comisaría. Lejos de tomarle testimonio como víctima, la situación era un interrogatorio a una posible culpable: tras ser informado de su delito, el abusador había dicho que en realidad eran pareja, y eso cambiaba la historia. Al menos para la justicia local.

El canciller mexicano junto a Schietekat. EFE

El canciller mexicano junto a Schietekat. EFE

VÍCTIMA CULPABLE

A Schietekat le solicitaron su teléfono y cuando preguntó por qué le dijeron lo que había dicho el acusado —acusado por ella, no por las autoridades—. En Qatar se pena a la mujer que mantiene relaciones extramaritales y el castigo es más inhumano como la prohibición: pueden ser hasta siete años de prisión y la condena incluye 100 latigazos.

Asesorada por una representante legal, y sin entender prácticamente lo que le decían en árabe, Paola decidió entregar su teléfono para no ir presa y luego buscó la forma más rápida de escapar del país. Comenta que en ese momento, cuando le sellaron el pasaporte, le volvió el alma al cuerpo y se sintió otra vez segura al regresar a México, aunque denunció el poco apoyo de la Embajada.

Con el tiempo, y tras hacer conocido su caso en distintos organismos como Huma Rights Watch, Schietekat recibió el fallo. Su abusador fue absuelto porque no había cámaras que registraran su ingreso violento al domicilio, pero los cargos contra ella «seguían vigentes». Se le prohibía regresar a Qatar y se le exigía un pago extra para su representación en el país, además de la terrible condena.

La solución que le dio su abogada, apoyada también en el cónsul mexicano en Qatar, fue todavía más dolorosa. La forma que tenía de evitar continuar en este camino de ripio legal que podía terminar con ella en la cárcel y azotada era casarse con él: si para la justicia no hubo violación pero sí una relación consentida extramarital, contraer matrimonio solucionaría el problema.

Schietekat obviamente no tomó como válida esa opción y sigue su lucha más allá de que la condena está firma en el país árabe. Aunque está a salvo en su país mientras pelea porque la opresión contra las mujeres termine en todo el mundo y sobre todo en esos países.