Libertadores | A River no le sobró nada pero venció a Junior y se acomoda en su grupo | GOLES

Con goles de Héctor Martínez y Julián Álvarez, el Millonario derrotó 2-1 al conjunto de Barranquilla por la segunda fecha del máximo certamen continental y se afianza en su Grupo D.

Ser o no ser. Problema existencial. River se arriesga mucho cuando no es River: porque al no sincronizar en velocidad ni presionar tras pérdida, o al no romper verticalmente, queda fuera de eje. Pierde esa sorpresa que lo vuelve, habitualmente, letal. Físicamente algo desgastado, careció de flujo productivo. Y entonces pudo haber perdido puntos ante Junior: el dos a uno maquilla pero no tapa.

Un rasgo del River que no fue River fue, por ejemplo, el equilibrio de las cifras de posesión en el primer tiempo: cuando habitualmente el equipo de Gallardo consigue superar los 70 puntos porcentuales, Junior le peleó el rubro con un modelo más ancho que largo y profundizando. Inicialmente, a espaldas de la zona local más endeble (Angileri-Palavecino) vía Pajoy: el zurdo casi la clava en un ángulo de tres dedos y hasta ensayó un sombrero en el área ante una salida incómoda de Armani (Rojas, de nuca, desactivó). Después, rompiendo por derecha, con un centro que derivó en un siempre molesto Borja, derribado por Martínez aunque el paraguayo Benítez no lo haya visto…

Acaso el gol del propio Héctor David -ese mismo que cuatro minutos antes debió haber sido expulsado por su foul no cobrado- fue una especie de señal esotérica: si existe un ser superior futbolero, a River le estaba dando una segunda oportunidad de reconvertirse. Pero debía lograrlo, acaso una misión compleja. Tal vez por eso no entró ese remate fuerte de un siempre bien orientado De La Cruz (Rosero salvó en la línea) o el cabezazo celsoayalesco de Robert Rojas sobre el final del primer tiempo. Pero aunque le costó -Ditta probó de media distancia y el palo evitó el empate- luego se activaría, al menos transitoriamente, el modo G: quince pases, participación de 9 de 11 jugadores (Borré y De La Cruz, exceptuados) y definición de Álvarez luego de un centro del Angileri. Un 2-0 que sacudió anímicamente a Junior, que a partir de ahí perdió rebeldía aun cuando mantuvo su postura ofensiva. Y River pudo, así, equiparar y hasta aumentar si la finta vertical de Carrascal con posterior habilitación era capitalizada por Montiel –de zurda pudo ampliar.

Aunque en el cierre, lo que Armani consiguió desactivar con un puñetazo terminó, luego de una peinada con macana de Rojas, en el remate de Borja. El 2-1 que se arrimó más a la lógica de un partido en el que, otra vez, River ganó aunque sin ser. Que no es lo mismo que no ser. Y no solo se nota: también se sufre.

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